Los bebés de Alta Demanda 

Hoy me voy a la cama, no sin antes compartir este texto sobre la Alta Demamda, me ha parecido genial. Porque la Alta Demanda existe y no es fácil. No me siento bien cuando escucho o leo a otras familias diciendo que tienen un bebe de Alta Demanda, mientras se graban dando un paseo con su bebé dormido en el carro, o van de viaje, o salen de bares, o van una boda… eso os aseguro que no es un bebe de AD, porque no podría hacer nada de eso… un bebe o niño de AD va mucho más allá, pero como siempre digo, quien lo probó lo sabe.

Y la verdad, lo que de verdad me da rabia es que me digan que todos los niños son iguales. Para empezar si todos los niños fuesen iguales, no existirían adultos tan dispares. Los niños son diferentes, y me repito, la AD existe, y hay que trabajarla mucho, es agotador. Yo creía que confirme creciera mi flamenca, pues esto de la AD iría a menos, pero….¿Sabéis que¿ que ahora es una niña de tres años y sigue siendo AD, ahora nos enfrentamos a otras cosas… en vez de tener que escuchar el no la cojas tanto en brazos, pues toca el “tienes que dedícate tiempo para ti” o “no te has planteado volver ya a trabajar” o “ya que la niña es más grande deberíais salir más”….. y muchas cosas más. 

Lo primero, no le he pedido nunca a nadie opinión sobre lo que debo hacer con mi vida laboral, personal o sobre lo que tengo que hacer en general. Nuestro estilo de vida porque así lo hemos elegido,así funcionamos mejor, y por qué nuestra familia no se mueve al ritmo de lo normal, se mueve al ritmo de la AD. Este ritmo no es el habitual y por eso las personas se sienten con la osadía de hablar de más.

Como Mamá de Pueblo, no me siento diferente ni especial, pero la AD ha marcando mi maternidad para bien y para mal, he perdido muchas cosas, pero he ganado la mejor… mi hija y su felicidad, y con esta la felicidad de nuestra pequeña familia de tres. 
Os dejo el enlace, que me lío y me lío, me ha parecido genial, os lo recomiendo. Por cierto , es el primer poste que escribo desde la tablet 😅
https://clubdemalasmadres.com/ninos-alta-demanda/

Adaptación al colegio

Hoy quería hablaros sobre nuestra experiencia sobre la adaptación al colegio. Tengo que deciros que no ha sido nada fácil, pero que al final hemos conseguido que nuestra flamenca vaya al cole contenta y feliz. Como todos los padres, queremos que nuestra peque disfrute y sea feliz.

Durante todo el verano le hemos hablado del colegio, siempre de forma muy positiva, le hemos puesto ejemplos de primitos que ya van y lo contentos que están. Al ser una niña tan activa y tan curiosa, le hemos contado la cantidad de cosas va a aprender y los muchos nuevos amigos que va hacer.

A finales de verano tenía muchas ganas de ir al colegio, estaba animada y con muchas ganas. De hecho el primer día, entro contenta en el colegio. Además tengo que decir que el periodo de adaptación en nuestro cole es largo y muy pensado para los peques. Aunque a muchos padres les afecta significativamente, porque son dos semanas de horarios complicados para las familias donde ambos progenitores trabajan fuera de casa. Pero bueno, este periodo es para la adaptación de los peques y creo que es bueno hacerlo.

Pues eso, los dos primeros días entraba bien y contenta, pero llegado el tercer y cuarto día, la cosa cambió. Empezó a decir que no quería ir al colegio, lloraba, no quería levantarse, ni desayunar, ni vestirse… Así que nos cargamos de paciencia y empatía, para ayudarla y hacerle ver que el colegio era bueno. No sabíamos por qué no quería ir, y además nos sentíamos muy mal por verla triste.

Por suerte, es muy habladora, y conseguimos sonsacarle lo que le pasaba, y nos dijo “que echaba de menos a mamá”, en ese momento me entraron ganas de llorar, porque mi pequeña quería estar conmigo, me extrañaba, pero tenía que ir al colegio. Ya sabemos que el cole no es obligatorio hasta los seis años, pero pensamos que es bueno para ella seguir el ritmo de la gran mayoría de los niños y que no se pierda esta etapa tan bonita.

Muchas mañanas me entraban ganas de que se quedara en casa conmigo, porque lo último que me gusta ver, es a mi pequeña pasarlo mal. Así que comenzamos a buscar recursos, a hablar mucho con ella y a alabar cualquier pequeño avance en el colegio. Y poco a poco, fue funcionando y dando frutos.

Compramos un cuento, el cual recomiendo, que se llama “No quiero separarme de mamá”, el cual nos a ayudado mucho. Y con mucho amor y respeto hacia sus sentimientos fue consiguiendo grandes cosas. Los lloros cada vez eran menos, poco a poco empezó a entrar en los brazos de algún profe, después de la manita y hasta que ya, entra solita contenta y feliz de la vida.

No sé si el hecho de no haber ido a la guardería ha podido repercutir en su adaptación al colegio, he visto a muchos niños llorar, y algunos ha ido a guardería y otros no. No creo que la guardería sea determinante, creo que lo es el carácter del niño y la escuela. Como siempre os digo, la AD no facilita nada las cosas, con guardería o sin ella, la intensidad con la que viven las cosas y las expresan va mas allá, pero como siempre también digo, solo lo comprendemos y sabemos los que lo vivimos.

Ahora disfruta del colegio, está aprendiendo muchas canciones, palabras en ingles, se esta relacionando genial con sus compañeros, esta haciendo nuevos amigos… En resumen, ya está adaptada. Y todos somos felices, la felicidad de nuestra pequeña es la nuestra. Verla motivada y contenta es lo mejor del mundo. Se levanta contenta con ganas de ir al colegio y de ponerse su uniforme, mientras caminamos hacia el cole va feliz, charlando y hasta cantando. Y lo mejor cuando me despido de ella en la puerta y le doy un beso y le digo “pásalo bien mi cielo” ella me contesta con un “Si, mamá”, y entra sonriente. Yo me voy tranquila, porque además se que está en buenas manos, la peque está encantada con su seño, la adora, y con todo su entorno en el colegio.

Ahora si podemos decir que el periodo de adaptación ha terminado, que el colegio forma parte de su día a día, y le gusta. supongo que tendremos algún retroceso, pero pasado el temporal, alguna tormenta nos será mas fácil de lidiar, o eso espero.

Como Mamá de Pueblo, creo que los periodos de adaptación son necesarios, al igual que tener comunicación directa con el colegio. Para nosotros no ha sido fácil, pero lo hemos conseguido, mediante respeto, paciencia y mucho amor.

Si pasa, mamá

Aquí os dejo la primera colaboración, estoy encantada de poder compartís con vosotros las palabras de otra Mamá. Una mamá que forma parte de esa pequeña tribu de la formó parte, prácticamente de manera virtual, pero que siempre está ahí para aconsejar y acompañar. Gracias Yamila por querer aportar una parte de ti.

Suele ser frecuente escuchar un “no pasa nada” acompañado del llanto de un niño, o más bien es esa frase y otras del mismo tipo las que siguen al gemido de dolor, ya sea físico o psicológico, del pequeño. Es como si los adultos supieran lo que siente el niño en ese momento, y sus palabras de consuelo realmente fuesen de desaliento, ya que pretenden negar ese dolor.
Comprendo que uno quiera quitarse cuanto antes el problema porque presupongo que cuando se dice “ya está”, “no ha sido nada”, “no es para tanto”, lo que se pretende es hacer borrón y cuenta nueva para que el niño prosiga con el mismo estado de ánimo anterior al suceso, como si nada hubiera ocurrido. Le llamo “suceso” porque no ha de ser una caída obligatoriamente, quizás una ola de la playa hayan ocasionado esas lágrimas, o la crema solar que mamá decidió unilateralmente extender sobre el cuerpo de su hijo, o puede ser que otro niño cogiese algún juguete, o que el papá le obligara a compartir su manzana.

Muchos de estos momentos críticos son provocados por los mismos adultos, forzando al niño a situaciones en las que éste no se encuentra cómodo. Y con esta actitud solo demostramos nuestra falta de consideración hacia los más pequeños. Es cierto que otras tantas veces no tenemos nada que ver con esa congoja (no la hemos provocado nosotros) pero nuestra forma de (intentar) solventarlo sigue denotando falta de respeto, de empatía, o como se quiera llamar, porque si nos pusiéramos en su piel, nunca nos reiríamos del llanto de un niño, no negaríamos su enfado, no pasaríamos por alto su dolor, no ignoraríamos su miedo, no le incitaríamos a no expresar sus sentimientos, y nunca forzaríamos a los niños a hacer cosas que no quieren, a no ser que éstas sean vitales, esenciales, de vida o muerte o cualquier otra situación donde el adulto ha de tomar las riendas por responsabilidad. Y dichas estas últimas palabras, estos momentos son muy pocos, y estos podrían coincidir con los límites marcados.

Cuando un niño se cae y comienza a llorar, la primera reacción del adulto es comprobar si se ha hecho daño “realmente”. La intuición es sabia y es importante evaluar la herida, pero nunca podremos cuantificar lo que debe sentir el pequeño, eso sólo lo puede saber él. Si se le hace ver al niño que no ha sido nada, o que ya debe dejar de llorar, o que no es para tanto, se sentirá confuso ya que sus sentimientos parecen opuestos a las palabras que lo expresan. No se conseguirán niños más fuertes y valientes sino personas adultas que no sepan transformar en palabras sus sentimientos.

A continuación expongo un ejemplo real que refleja el significado del texto anterior. Es algo que tuve la mala suerte de presenciar hace tan solo unas horas, aunque siempre hay un lado bueno de las cosas, el aprendizaje que suscita esta experiencia, ya que yo también he cometido y sigo cometiendo errores de este y otros tipos en la crianza de mi hija (hace años ya, me vi diciendo una de estas frases, con la soberbia que caracteriza a los adultos, a mi sobrina, de 4 años, después de haberse caído. Como no paraba de llorar le dije que no se había hecho tanto daño, y su hermana, de 6 años, me contestó que “¿cómo lo sabía si no era yo quién se había caído?. Me quedé callada para después añadir un tímido “es verdad”).

“Un niño de unos 18 meses llega a la playa con su madre y otros adultos, cuya relación con el niño desconozco. Nada más plantar la sombrilla, la madre pulveriza y extiende crema solar sobre él de forma brusca. El niño comienza a llorar desconsoladamente… la madre tiene una

mueca sonriente en su cara y los dos acompañantes también ríen mientras miran cómo se queja el crío. En principio uno puede pensar: “la crema solar es necesaria para protegerse del sol, así que aunque la madre se la haya echado de forma algo irrespetuosa, al fin y al cabo se ha visto obligada a hacerlo”. Aún así, sobran las sonrisas y las caras alegres, pero uno intenta justificar lo que ve para sentirse cómodo.

Cuando el niño se recupera del caos emocional sufrido, la madre, que viene de pegarse un chapuzón, decide que su hijo tiene que bañarse también y así, sin más, le arrebata el momento que estaba viviendo (ya que jugaba tranquilo sobre la arena) y se lo lleva al agua. El niño vuelve a gritar, desesperado, sin entender que está ocurriendo, se pregunta por qué vuelven a arremeter contra él. Ya en el agua, las olas no paran de venir y el chiquillo, muy asustado, se agarra al cuerpo de su madre, sigue gritando y su madre sigue con esa mueca sonriente como si dijese: “yo sé lo que te conviene, muñeco”; “yo sé cómo quitarte el miedo, nene”. En ese momento tenso, la madre no se da por vencida y se mete aún más profundo. Separa al niño de su cuerpo y, como si fuese un paño que hay que frotar, sumerge al niño bajo el agua. Parece como si lo entregara a las olas que, de forma violenta, sobre todo para un niño tan pequeño, van acercándose a la orilla. De vuelta a la sombrilla, el pequeño sigue llorando… se escucha decir: “no llores, grita”; “lo ves, no pasa nada”; “si es por tu bien”.

Esta escena se repitió una vez más, aunque no fue la madre sino el amigo, el protagonista de tan “orgullosa hazaña”: “así estás mejor, tonto”, le decía mientras el niño lloraba…

Como testigo de ese horrible numerito, y habrá quién al leer mis palabras crea que exagero, sentí bastante desasosiego. Tenía ganas de intervenir, pero hacerlo de forma constructiva, para mejorar el entendimiento entre madre e hijo. Quería hacerles ver que todo lo que estaban haciendo era contraproducente, pero me quedé callada, mirando, pensado, pensado en que si a uno de estos adultos se le forzara a tirarse por un barranco, en cuyo final de éste se encontrara una cama elástica que asegurara una caída limpia y sin peligro, y dicho dato fuese una incógnita, quizás y sólo quizás, podrían comprender los sentimientos de sofoco del crío: podrían empatizar con él. Porque hablamos de sentimientos, y éstos no pueden negarse. El niño siente verdadero pavor al agua fría, a las olas, al ruido de éstas al romper, se siente ultrajado y vapuleado por su propia madre, que parece no atender a sus gritos, a su llanto, su única forma de expresar su desacuerdo.

Este caso descrito es bastante extremo, no todos los padres que usan esa coletilla de “no pasa nada” hacen estas barbaridades, pero si representa la forma en cómo dirigimos a nuestros hijos, en cómo los tratamos, y en qué plano los situamos.

En mi opinión, cuando un niño llora, tenga el adulto o no las herramientas para resolver de forma airosa la situación desencadenada, se le ha de ofrecer consuelo, acompañamiento, amor, compresión… y todo ello de forma respetuosa, alejada de la condescendencia. Es más fácil llegar a esta conclusión si nos imaginamos que la persona que pide nuestro apoyo es otro adulto. En esa situación no se nos ocurriría ningunear sus sentimientos. Escucharíamos sin más, sin decir frases distantes del apoyo, evitando en todo momento tener como objetivo principal el cese del llanto en sí…

Nota de la Autora

A veces pienso que el hecho de que algunos padres tengan más tolerancia y paciencia al llanto o queja de niños ajenos que al de los propios es debido a que, en parte, se sienten responsables inconscientemente del cese del dolor de sus hijos, pero debido a la impaciencia imperante en nuestra sociedad, pretenden mitigarlo rápidamente, y si no lo logran se ponen nerviosos y se alteran con ellos/as.”

EL NUEVO VERANO

Perdonad si ando un poco perdida, pero tengo que contaros que el verano además de disfrutarlo a tope, nos da mucho trabajo, porque todo lo que no nos da tiempo a hacer en invierno tenemos que hacerlo en verano. Y todo esto acompañados de nuestra flamenca, la cual nos da poco “cuartelillo”.

Por eso hoy os dejo algunas reflexiones veraniegas sobre el ser madre de una pequeña flamenca de AD.

Y es que esto de la Alta Demanda, nos está enseñando muchísimas cosas, pero sobre todo a customizar nuestro tiempo, no podía imaginar que fuera capaz de hacer tantas cosas en tan poco tiempo.

Además de esto, nos enseña a que la paciencia se puede estirar hasta límites hasta ahora insospechados, y que la capacidad que tanto Papá como Mamá, tenemos para adaptarnos también puede extenderse mucho, muchísimo. Estas cosas, no las digo en modo queja ni nada por el estilo, todo lo contrario, lo cuento en modo reflexión, y además como una reflexión positiva.

Otra cosa que hemos aprendido es a no dar explicaciones, nuestra situación es la que es, y no debe ser juzgada por nadie. Como he contado muchas veces, quien no tiene un AD en casa, no tiene ni idea y por lo tanto nunca podrá ponerse en nuestro lugar.

Hemos aprendido a ser más comprensivos, más empáticos, más adaptativos, y todo esto nos lo está enseñando una preciosa niña que aún (aunque casi) no llega a los tres años. Nunca podría haber creído que esto de ser madre iba a enseñarme tanto, así que otra cosa que me refuerza esto es, la humildad.

Otra cosa aprendida es que todo llega, que hay que tenerle paciencia a la vida, y a las situaciones esta te pone por delante, que todo pasa. Porque ya pasaron las noches infinitas, y llegaron las noches mas tranquilas (aunque no del todo), porque ya pasaron los lloros inconsolables y llegaron las pataletas remediables, porque ya pasó el no saber que le pasa y llegaron las charlas increíbles de media lengua…

Con esto último podría llevarme horas escribiendo, porque a pesar solo han pasado tres años, lo cual es poco tiempo, han pasado muchas cosas, hemos dejado atrás demasiadas, y más aún que quedan por llegar.

La AD es muy complicada, hay que aprender sobre todo a adelantarse a todo, a preparar el terreno, a tener mil ojos antes cualquier situación… te haces de una gran coraza, donde lo que digan los demás no te importa, sabes que tu situación es un poco distinta y te haces a ello.

Pero además es muy gratificante y llena de sorpresas, ya que al estar todo el día con un pequeño torbellino que no para inventar, no te queda otra que sorprenderte y divertirte a su lado.

Todo el día estamos en movimiento, todo el día con juegos y estratagemas para que este entretenida, todo el día detrás con mil preguntas a cada cual más ocurrente, todo el día charlando y jugando, con ganas de disfrutarlo todo, de conocerlo todo y de exprimirlo hasta la última gota.

Por todo esto y otras muchas cosas creo que es muy importante tener una pequeña tribu, no solo la familia, sino de otras madres que puedan entenderte o solventarte dudas. Yo pertenezco a una pequeña tribu, la cual es fantástica y en ella prima el respeto y las ganas de ayudarnos. En la próxima entrada compartiré una reflexión de una de las mamis de esta tribu.

El verano está siendo muy intenso, porque como os he contado tenemos mil cosas por delante, y algunos proyectos. Tenemos muchas cosas en la cabeza y una pequeña de la que no queremos perdernos nada y que además nos exige mucho.

Verano de movimiento, de proyectos, de tardes de playa, de piscina, amigos y familia, verano de no parar, de disfrutar, verano completamente diferente a lo yo conocía… se acabaron las tardes infinitas de playa con la tranquilidad de no tener reloj, se acabaron las copas en las terrazas, se acabaron las charlas con amigas hasta las amanecidas… y llegaron otras muchas cosas que nunca creí que pudieran hacer tan feliz.

Yo como Mamá de Pueblo estoy disfrutando de mi verano en familia, de nuestro tiempo y de nuestro no parar, que parece que esto último también nos encanta a los tres. ¿Qué tal vuestro verano? Espero y deseo que sea fantástico.

 

EL PESO DE LAS MADRES

 

Desde que soy mamá pueblo, hay muchas cosas que han cambiado, y muchas de ellas, son esos nuevos mensajes a los que antes no le prestaba atención, simplemente por que no eran para mi. Esos mensajes que se les lanza a las madres sin ton ni son.

Además esos mensajes, la mayoría, con afán de ayudar, aunque normalmente no ayudan nada, otros son las nuevas preguntas que te lanzan, la mayoría sin pensar, y que muchas de ellas son muy personales.

Por ejemplo, desde que te quedas embarazada las preguntas que mas me hicieron son:

¿Vas a darle el pecho? Bueno a ver, para empezar no creo que sea de la incumbencia de nadie, y esta pregunta te la llegan a hacer personas con las que no tienes nada de confianza. Que me lo pregunte mi madre, mi suegra o mi mejor amiga, vale, pero poco más. Al resto de personas no le importa, es cosa de cada madre.

Para el colmo si contestas que si, te dicen que es muy cansado y difícil… pero si contestas que no, te dicen que el pecho es lo mejor… ¿en que quedamos? De verdad, como hablaba con una amiga, para mí la mejor respuesta es un no sé.

¿Quieres un parto natural? Pues la verdad quiero un parto en el que todo salga bien, nunca he tenido contracciones, nunca he estado de parto así que de nuevo, no sé.

Y después la frasecita de “aprovecha para dormir ahora”. Si es verdad que las primeras semanas se duerme poco, o los primeros meses… en mi caso duro más de dos años… pero bueno, creo que esa frase ya esta rancia y es pesada. Prefería escuchar, aprovecha tu barriga es un momento único en la vida.

Y bueno, ya cuando nace el bebé es la leche, todo el mundo sabe mejor que tu lo que hay que hacer, parece que todos conocen a tu hijo mejor que tu, y que tu eres una inútil con las hormonas vueltas locas, la cual no da pie con bola, y solo recibes mensajes contrarios a lo que estas haciendo.

A ver, con este rollo quiero resaltar la presión que sufrimos las mujeres desde que nos quedamos embarazadas y mas aún cuando somos madres. La gran mayoría de reproches caen sobre nosotras. Si es llorón es por que lo coges demasiado el brazos o por que tienes poca leche, si el bebé no se siente cómodo en brazos de otras personas, es que la madre lo tiene muy mimado y tiene que acostumbrarlo a estar con gente…. Y así todo mientras crece.

Escucho a mi alrededor muchos mensajes de este tipo, toda la responsabilidad es de la madre, cuando en realidad el cuidado y educación de los hijos forma parte de la pareja, es cosa de dos. Este mensaje es muy bonito y también la gente lo predica mucho pero a la hora de la verdad, la culpa es de la mamá.

Yo me he sentido muy reprochada respecto a mi hija, y si a esto le unimos la alta demanda, mas incomprensión aún. Los mensajes que me llegaban es que no lo estaba haciendo bien, que si la cogía mucho, que la dejara llorar, que no usara el fular, que durmiera sola en su habitación…

Y si he cometido errores, como todas, pero también he acertado en muchas cosas y eso no lo escucho, mi pequeña además de haber llorado mucho de bebé ahora para nada es una niña llorona, pero eso forma parte del desarrollo, la mamá no tiene ningún mérito. Mi hija come de todo, pero eso es que tengo mucha suerte, yo no he contribuido en nada… solo es suerte.

Veo que las cosas que los niños hacen bien es suerte, genética o carácter propio del niño, pero si hace algo mal, es culpa de la Mamá. Esa madre, (en mi caso) que lo ha dejado todo apartado para cuidar de su hija, que ha renunciado a su vida laboral, que se bebe libros de crianza y educación. Esa madre esta pendiente de que nada falte en casa (comida, ropa limpia…) para que todos estén bien, que se levanta temprano para que cuando se despierta mi flamenca este todo listo para poder dedicarme a ella, que hace compras con una niña en brazos que quiere cogerlo todo y no para quieta.

Esa madre que se desvive por su familia, por su hija, y que al mínimo error se siente juzgada, que no puede fallar, porque sus objetivos son el bienestar de su familia. Esa madre a la que preguntan que cuando va a trabajar, que le dicen que tiene que salir, que tiene que cuidarse, que tiene que hacer deporte… ¿cuándo?

Parece que las mamás que nos quedamos en casa tenemos tiempo para todo, pero en mi caso sumado a la AD, os aseguro que no, que tengo muy poco tiempo libre. Y cuando lo tengo, lo que menos me apetece es hacer deporte, lo que si me apetece es tomarme un café con una amiga, y ¿sabéis que? Que encima se siente mal por ello, por que no esta haciendo nada productivo, por que tengo ropa que planchar o una cama por hacer.

El valor de no perderme nada de mi hija, todas sus primeras veces, todos sus logros, sus risas y llantos, eso se queda para mi. Pero la otra parte, esa carga a muchas veces invisible también. No me preguntéis cuando voy a volver a trabajar, o cuando voy a darle un hermanito, valora mis días y vida, por quedarme en casa no tengo menos valor ni trabajo menos. No me critiques por que mi hija hace un berrinche, ni por que no para quieta… ella es así, así son mis días, agotadores y maravillosos.

Esa es la parte buena de hacer todo lo que hago, que aunque sienta un gran peso, me cuide poco, tenga poco tiempo para mí y mis jornadas sean de lunes a lunes las 24 horas del día, mis días son maravillosos junto a mi hija. No gano dinero, pero gano muchas otras cosas que para mi valen mucho mas, soy feliz, aunque a veces me queje.

Yo como Mamá de Pueblo, me siento mal a veces mal, por no poder dar mas de mi, por perder a veces los nervios, por hacer lo que hago… si, por que muchas personas creen que esto de quedarse en casa es solo el disfrute de tu hijo, pero son muchas cosas más. Pero el disfrute con mi hija vale mucho más, y compensa, aunque sonado muy quejica, por que oye, también tengo derecho a quejarme.

DAR A LUZ, NO SIEMPRE HAY ELECCIÓN

Yo tuve que pasar por una cesárea para poder tener a mi hija en mis brazos, cada mujer la vive a su manera, al igual que los partos, que hay de todo. Para mi, fue la peor experiencia de mi vida, a pesar de que me dio a mi pequeña, lo pase fatal tanto a nivel físico como psicológico.

En la generaciones anteriores a la mía veo que no había tantas cesáreas como ahora, hoy día es algo normalizado, y veo como cada día se practican más, y a veces creo (desde mi honesta opinión) que se practican mas de lo necesario.

Tuve que someterme a la cesárea por que mi pequeña venía de nalgas, y en mas de una ocasión mi ginecólogo decía que antes los partos de nalgas de hacían, y que si que pueden tener sus complicaciones, pero que un parto de nalgas no tendría por que ser cesárea si o si. Si la madre y el bebé se encuentran en condiciones de realizar la labor de un parto natural, deberíamos tener la opción.

Incluso en el hospital, antes de entrar en quirófano, lo volvía a repetir y me dijo que yo podría dar a la luz de forma natural, pero que el protocolo se lo impedía, y que por lo tanto tenía que proceder a la cesárea. Yo si hubiera podido, lo hubiera intentado sin duda, me sentía segura con el equipo médico, llegue dilatada de cuatro centímetros y con el cuello del útero borrado, pensando que tenía gases.

No tenía dudas de haberlo intentado en el momento, y ahora que sé lo que implica una cesárea, más segura estoy de ello. No sé (por desgracia) lo que es hacer una dilatación completa, tampoco lo que es pujar, ni lo que es sentir salir a tu hijo de tus entrañas. Tampoco sentí el acompañamiento de alguien cercano en el momento mas difícil y feliz de mi vida, y tampoco sentí a mi hija en mi pecho nada mas nacer.

Lo que si sentí fue un quirófano frío, un miedo atroz, sentí como me ponían la epidural sin elección, sentí el agobio de esa manta de papel que te ponen justo debajo de la barbilla, sentí la soledad de no estar acompañada por alguien querido. En este último sentimiento quiero pararme, por que pedí por favor que no me ataran las manos, y no lo hicieron, pero lo que mas me ayudó fue esa persona que no me soltó la mano en ningún momento, que me hablaba, que me miraba a los ojos y me sonreía, que me tranquilizaba y que me acercó a mi hija en cuanto pudo. Gracias.

El no poder tener a mi hija en mi pecho nada mas nacer aún me duele, no pude sostenerla hasta la mañana siguiente. Recuerdo perfectamente esos lloros inconsolables nada mas la sacaron de mi vientre, como esos minutos mientras la miraba el pediatra, se me hicieron horas, mientras la escuchaba gritar. Tampoco se me olvidará como se relajo nada más la acercaron a mi cara, y como lo descubría todo con esos ojos tan abiertos.

Esa sensación aún me pesa, el no haber podido estar para ella nada mas nacer, por que mi cesárea se complicó, y tuvieron que sedarme un poco, así que no pude ni medio incorporarme ni nada, hasta la mañana siguiente cuando me dieron el visto bueno. Mi familia y mi marido, se hicieron cargo del bebé y de mi, yo recuerdo las primeras horas a ratos, me quedaba adormilada y cuando estaba despierta solo quería sentir mis piernas y el calor de mi bebé.

También tengo a amigas a mi alrededor que han pasado por una cesárea y no lo han vivido como yo, ayer mismo una de ellas me decía que ella si tuviera otro no le importaría pasar otra vez por lo mismo. No lo ha sufrido igual, no lo ha vivido igual, como he dicho antes, cada cesárea es un mundo y cada mujer y su situación también.

Yo dentro de mi ignorancia, creo que se abusa de las cesáreas, que el parto es mirado como un protocolo más donde la parturienta no tiene mucho que decir. Y creo que no debería ser así, pienso que la mujer está preparada para parir, todo esto siempre y cuando no haya ninguna complicación, siempre la valoración de los médicos y el control debe estar ahí. Pero esa valoración no debe ser la única, la madre también tiene mucho que decir, veo muchos partos programados, muchas partos inducidos, simplemente por que han superado la semana 40, pero no por que haya algún problema. Y yo me pregunto qué si no existe problema, por qué no esperamos a que la madre naturaleza hable.

Siento que me quitaron la libertad de parir, por que mi bebé venía de nalgas, no me dejaron, no me dieron la opción… y esa era la que yo quería, pero no puedo ser por que el protocolo así lo dice. Y supongo que lo dirá por algo, pero generalizar tanto en algo tan individual me parece demasiado. Para algunos casos supondrá un riesgo, pero no creo que sea para todos.

Soy de las que piensa que el parto debería estar mas humanizado, de que la mujer y su cuerpo saben como actuar, de que no hacen falta tantos procedimientos quirúrgicos, ni tantos medicamentos, y que falta intimidad, tranquilidad y respeto en momento del parto. Los avances médicos son necesarios, pero creo que en este caso se abusa, para que todo sea más rápido y fácil, que esta sociedad de prisas no has llevado a perder esa esencia del parto natural, del poder la mujer.

Yo como Mamá de Pueblo, he sentido coartada mi libertad como mujer de elegir, he pasado por una cesárea, que a lo mejor se hubiera podido evitar y por una recuperación muy dura. Y el peor rato de mi vida, ha dado como resultado lo mejor la misma, una niña sana, atrevida y cariñosa, que nos alegra los días.

CAMBIOS EN TU CÍRCULO

Cuando te conviertes en madre, las relaciones sociales cambian por completo, ya no puedes salir cuando quieres, ni a donde quieres… las noches de copas, los ratos tranquilos tomando café, el cine… todo cambia, por lo menos en mi caso, todo ha cambiado. Hay personas que tienen bebés mas tranquilos, pero en nuestro caso con la llegada de una súper alta demanda sumado a que nuestra casa no esta precisamente en el centro del pueblo, nos alejo bastante de nuestros amigos, en especial a mi.

Ahora casi tres años después estoy empezando a tener un poco más de vida social, pero poca cosa, la mayoría del tiempo la paso con mi hija, y no lo cambio por nada, prefiero salir a pasear en bici con ella por la mañanas, a dejarla en la guardería para tener tiempo para mi. Esta es mi opción, tan respetable como las demás.

Cuando nació mi bebé la gran mayoría de las personas que tenía alrededor desapareció, fueron muy pocas las comprendieron nuestra nueva situación, el tener un bebé de alta demanda es realmente complicado, y muy pocas personas te entienden y muchas menos te apoyan.

Veíamos a los amigos prácticamente por que venían a casa a pasar un rato con nosotros, por que salir con la pequeña era una odisea, todo lloros y malestar, así que nada optamos por pasar tiempo en casa, lo cual fue muy complicado a nivel social, empiezas a despegarte y los demás a despegarse de ti, cada vez hay menos llamadas, menos mensajes, y llegan los días en los que te encuentras realmente sola.

Cuando a tu alrededor además, nadie tiene hijos, esta nueva situación es mucho mas difícil de entender, creen que todos los bebés se rigen por el mismo patrón y si fulanita puede salir sin problema con su bebé, no entiende por qué tu no. ¿Sabéis que? Eso mismo me preguntaba yo, estando en casa cuidando de mi pequeño revoltillo, quería salir, quería pasear, quería poder disfrutar de mi bebé junto a mis amigas… pero no fue posible, salir y hacer esas cosas simplemente no era un disfrute. De hecho alguna vez lo intenté y llegaba a casa a casa mucho mas frustrada que si no hubiera salido.

Así que nada, poco a poco muchas personas se fueron alejando cada día mas, mi vida se centro en conocer a mi pequeña en saber por que era así, y en adaptarme cien por cien a nuestra nueva situación y en aceptar que no el resto de las personas tenían por que adaptarse. A pesar de sentirme muy defraudada y sola, fui capaz (con el tiempo) de entender el por qué no estuvieron ahí, simplemente no tenían por que hacerlo.

No, ya no salgo de copas, antes no podía y ahora que puedo empezar a hacerlo (la peque se puede quedar de vez cuando los abuelos) no me apetece, me gusta el plan de estar en casa con mi familia, me encanta acostar a mi hija, contarle un cuento antes de dormir y darle un beso de buenas noches.

Soy muy feliz ajotándome a mi nuevo estilo de vida, disfrutando con ella, con mi marido, de nuestro nuevo tiempo. Cuando estamos solas me encanta jugar con ella, oírla reír, disfrutar de ella, de su tiempo, de nuestro tiempo. Ya no echo de menos esas tardes vacías de café, y digo vacías, por que ahora me siento tan llena con mi pequeña, que todo lo anterior me resulta efímero.

Mi círculo ha cambiado mucho, sigo teniendo algunas amistades de las de toda la vida, y ellas saben quienes son, esas que llamas por que tienes un ratito y lo normal es que te respondan con “vale, donde nos vemos”, esas que siempre tienen un ratito para ti y tu para ellas, esas que necesitas aunque sea un ratito a la semana, para reírte un rato, charlar y evadirte.

También tenemos nuevas amistades, incluso algunas que antes eran conocidas y ahora ves casi todas las semanas, parejas que han descubierto la maternidad casi a la par nuestra, y que esa maternidad ha forjado una bonita amistad. Personas que están en la misma situación que tu, con las que compartes momentos nuevos, con las que hablas sobre maternidad sin aburriros, intercambias ropa, pañales y consejos. Con las que festejas que las niñas se han dormido la siesta a la vez, y aprovechas para tomar un café y charlar sin ser interrumpidos cada cinco minutos.

Y también están esos amigos que también tienen hijos, de los que disfrutamos cuando podemos, por que entre los trabajos y los niños no es nada fácil quedar, que si fulanito está de tarde, que si menganito tiene al niño malito… pero cuando quedamos hacemos tribu y lo pasamos todos genial, los mayores y los pequeños.

Y por supuesto están los que nunca fallan, son muy pocos pero como dije en otros post, valen su peso en oro. Amigos que se presentan en casa con el desayuno, amigos que te llaman simplemente para saber como estas y si necesitas ayuda, amigos que te comprenden y te animan a desahogarte e intentan comprenderte, amigos que se acercan a tu casa por que tienen ganas de verte y de ver a tu bebé, se acercan simplemente por que si, por que te quieren… esos no tienen precio.

A mi, como Mamá de Pueblo, me costó aceptar estos cambios, pero al final los entendí, y aunque al principio me sentía muy enfadada y defraudada, ahora puedo llegar a entender que cada uno tiene su situación y su momento, y el mío ahora es mi hija y no me puedo sentir mas feliz por ello. Ahora, mi mejor amiga tiene dos años y nueve meses, habla con media lengua sin parar, le gusta hacer pompas de jabón, saltar en la orilla del mar y hacer castillos de arena.

Soy muy feliz, aunque la maternidad haya traído consigo muchos y grandes cambios en mi vida, dormir poco, duchas de cinco minutos, pelo… bueno mejor no hablamos de mi pelo… ahora me levanto mas temprano y estoy mucho mas cansada cuando termina el día, pero también soy mucho mas feliz.

 

 

CRIANZA CON APEGO…FUNCIONA!

Aunque mi flamenca aún es pequeña, creo que ya puedo sacar algunas conclusiones sobre esta crianza que hemos elegido para ella, y para nosotros. La base fundamental de esta crianza es que el cuidador responda a las necesidades del bebé, aceptando sus sentimientos, proporcionándole consuelo y seguridad.

Ya en otra ocasión he hablado sobre este tipo de crianza, sobre si su nombre es el mas adecuado o no, y que crea controversia, tanto por su denominación como por lo que predica. El caso, es que muchas personas están equivocadas sobre ella, ya que no se trata de criar niños consentidos, mimados y sin límites.

En nuestro caso esta funcionando realmente bien, tras dos años y nueve meses estamos viendo grandes resultados positivos. Nunca creí que de una bebé tan inquieta, llorona e irascible… iba a crecer una pequeña niña encantadora, sociable, segura y si inquieta, eso no hay quien lo cambie, su energía a raudales.

Muchas, muchísimas veces escuchamos críticas de cómo hacemos las cosas con nuestra pequeña, que si le prestamos mucha atención, que si la dejemos llorar, que no le echemos cuenta, que la cogemos mucho en brazos, que nos manipula… a lo cual ya hemos aprendido a hacer oídos sordos. Simplemente ya no escuchamos ese tipo de comentarios, por que quien lo hace, normalmente no es capaz de respetar este tipo de crianza o no tiene hijos. Así que nada, que cada uno haga como mejor crea, que nosotros lo haremos a nuestra manera.

Y nuestra manera es siempre desde el cariño y el respeto, si respetamos a nuestra hija, la escuchamos, y no la obligamos a hacer nada que no quiera. Esto último puede sonar a que la niña hace lo que quiere, pero no es así, cuando decimos algo hay que hacerlo, pero si es verdad que a veces se puede ceder un poco, y así evitar malos ratos y darle seguridad a nuestra pequeña. Por ejemplo para cosas cotidianas, el baño es una de ellas, pues cuando llega la hora de bañarse y no quiere hay veces que a dejamos jugar un rato más. Pero otras si dejamos que ella decida, y ¿sabéis que? Que lo hace!!

Ella misma decide sus cosas importantes, como cuando dejar el pañal, dormir en su habitación o soltar el chupete. Y si señor, ella lo va decidiendo y nosotros la apoyamos y acompañamos, y aunque parezca mentira, nos funciona. Hace casi un año decidió que ya no quería usar pañal y lo consiguió. Y hace dos días nos dijo que ya era mayor para dormir en la cuna (de colecho) y que quería dormir en su cama, en su habitación solita, y así ha sido. Seguimos el mismo ritual, pero ahora duerme solita y casi del tirón, si familias con un AD en casa, casi del tirón.

Hemos respetado sus ritmos y la hemos acompañado siempre, nunca la hemos obligado a hacer nada que no quiera, y por ella misma ha tomado la iniciativa. Así ella siempre se ha sentido segura por que ha tomado ella la decisión y por que mamá y papá han estado a su lado. Nunca la hemos obligado, no la hemos hecho pasar malos ratos para que fuera a su cama, nunca hemos seguido ningún sistema de adiestramiento para dejar el pañal o para enseñarla a dormir. Por que estamos seguros de que todo llega y de que cada niño tiene su propio ritmo, y si le damos la seguridad que necesita poco a poco ira tomando las decisiones por si mismo.

Y tras estos casi tres años, no solo lo creemos sino que ahora (en nuestro caso) podemos decir que funciona. Hemos colechado, porteado, nunca hemos usado la violencia ni los gritos, hemos respondido ante las necesidades de nuestra pequeña, y aunque hemos sido muy criticados, tenemos antes nosotros una pequeña completa, segura y que es capaz de tomar grandes decisiones, claro, las adecuadas a su edad.

No quiero decir con esto que ella lo elija todo y que no tenga límites, en absoluto, tiene límites y normas que seguir, y cuando no las cumple, vienen las consecuencias, pero estas nunca serán el castigo y mucho menos castigo físico. Primero vienen las consecuencias naturales, sino comes después tendrás hambre o si no duermes después vas a tener sueño. Pero nunca la ridiculizamos, ni la castigamos, ni usamos la típica cachetada… y por estas cosas nos tachan de padres permisivos y que miman a su hija.

Usamos mucho la inteligencia emocional para intentar entenderla y ayudarla, creemos que un niño se porta mal no lo hace por fastidiarnos, lo hace por que no se siente bien y es su forma de manifestarlo. Aquí intentamos comprenderla, además de manifestarle que su comportamiento no nos gusta. Cuando ya ha pasado el punto mas alto de mal humor, hablamos con ella y le explicamos que existen otras formas de decirnos lo que le pasa, sin necesidad de enfadarse.

Nunca la hemos dejado llorar, ni cuando era un bebé ni ahora que ya no lo es. Al igual que si viera a mi amiga llorando, iría inmediatamente a ver que pasa y a intentar ayudarla. Y alucina! cuando le presto atención por que esta llorando, siempre le pasa algo, ya sea que se ha hecho daño o que quiere hacer algo que no le sale. No llora para manipularme y si, claro que llora por que necesita atención y es una de las formas que tiene de pedirla. Aunque ahora que habla, me dice “mamá cushame”.

A pesar de no ir a guarderías, es una pequeña muy sociable, que se acerca a los niños para presentarse y ponerse a jugar, a pesar de que pasa todo el día con nosotros, cuando lo necesitamos se queda con los abuelos sin dificultad, a pesar de cogerla mucho en brazos cada día los necesita menos (soy yo la que le pide cogerla un rato), a pesar de practicar colecho ella misma ha querido ir a su cama solita…

Podría escribir muchos a pesar de… pero mejor me quedo con que este tipo de crianza tan criticada, da muy buenos resultados, en nuestro caso sin duda alguna. Eso de que dicen que se crían niños mimados, sin límites y siempre metidos en las faldas de mamá, deciros que os equivocáis, se crían a niños seguros de si mismos, fuertes, que son capaces de tomar decisiones, que marcan su ritmo, cariñosos y muy empáticos.

Nosotros siempre hemos luchado, a pesar de las críticas por hacerlo a nuestra manera, la manera de la crianza de apego, la crianza criticada por que se respeta al niño, cuando según dicen “el niño es a lo que tu lo acostumbres”… Pues nosotros queremos acostumbrar a nuestra hija a que puede tomar sus propias decisiones, a que la violencia y los gritos no son buenos y no tiene que tolerarlos ni darlos, a que la empatía es importante y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás es imprescindible.

Yo como Mamá de Pueblo, me he sentido a veces insegura con esta apuesta, pero la verdad ahora no puedo estar mas segura de que estamos acertando. Mi pequeña evoluciona a pasos agigantados, es una pasada estar con ella, cada día te sorprende, te divierte y es todo amor. Y otra cosa, me sorprende como otras mamis me escriben y las mas cercanas me llaman, pidiéndome consejo sobre como hacerlo, por que se sienten inseguras pero quieren practicar esta crianza, por que como ellas me dicen, a nosotros nos funciona muy bien y la evolución de nuestra pequeña es genial.

Nuestra pequeña AD, es un claro ejemplo de que la crianza con apego funciona, aunque esto es como todo, no todos los niños son iguales ni todas las familias. A cada uno le funcionará su forma, pero por favor, dejemos de echarnos tierra encima, y respetemos lo que hacen los demás, y mas aún si funciona.

La importancia de los amigos

Los amigos son algo indispensable en nuestra vida, algunos son amistades de toda la vida, del colegio, del instituto…otros vienen más tarde y se quedan para siempre y otros pasan un tiempo y después desaparecen.

De todos aprendemos algo nuevo, nos aportan nuevas experiencias y formas distintas de ver la vida. yo me quedo con todo lo bueno de todas las amistades que han pasado por mi vida, desde la que se fueron, hasta las que se han quedado formando parte de esa familia que elegimos.

Los que forman parte de esa familia que elegimos, son esos que no necesitan ser invitados para presentarse en tu casa, los que se autoinvitan a comer, los que conoces a su familia (que también son un poco tuya), esos que te presentas en su casa y da igual si están en pijama y con todo por recoger, esos que te conocen y que muchas veces con una sola mirada ya sabes lo que piensan.

Cuando te conviertes en mamá, muchos de esos amigos dejan de formar parte de tu día a día, e incluso poco a poco dejan de formar parte de tu vida. Normalmente son los amigos que aún no tienen hijos, ahora vivís etapas distintas y es muy complicado quedar, por que tus horarios han cambiado por completo. Ahora no sales de copas, o a tomar un café tranquila… actualmente sales al parque o a dar un paseo. La prioridad no la marcas tú, sino esa pequeña persona que ha vuelto patas arriba tus días.

Pocos son los que no te tachan de madre sobreprotectora, algunos ni siquiera entienden que no lleves tu vida de antes, no entienden que prefieras quedarte en casa acurrucada con tu bebé o que en vez de tomar un café quieras dar un paseo, o mas bien lo necesites. Piensan que te crees que eres la única que ha parido, que eres la única madre del mundo y que quieres tener a tu bebé en una burbuja.

Menos aún son lo que se quedan de verdad a tu lado, viniendo a casa por que no puedes salir, los que se adaptan a tus nuevos horarios solo para verte un ratito y para disfrutar también de tu hija, los que intentan comprender tu nueva situación, los que entienden un poco el lado complicado de la maternidad y simplemente te preguntan qué tal estas… los que se vienen a comer al campo, por que meterte en un bar es una verdadera odisea.

Como dije antes me quedo con bueno, me quedo con los amigos de verdad. Muchas veces he escuchado que los amigos de verdad se ven en los momentos malos, pero yo creo lo contrario. Creo que en tus momentos buenos es donde se ve de verdad a la gente que te quiere, la gente que es capaz de alegrarse por ti, de vivir contigo tu felicidad, de acompañarte y de demostrarte que tu felicidad también es la suya.

No se me olvida, el jueves que me dijeron que tenía cesárea programada para el lunes, cuando una amiga me dijo que vendría a casa para que se me hiciera más corto el fin de semana. Para mi eso es de valorar, por que de verdad que el fin de semana se me iba a hacer muy pero que muy largo. El resto sí, se alegro por la noticia de que la pequeña estaría pronto con nosotros, pero sólo fue esa amistad (de las de verdad) la que quiso compartir conmigo esos momentos, sin que nadie se lo pidiera.

De hecho vino a casa el viernes, y se encontró con que estaba de parto, y se puso nerviosa como la que más, empezó a moverse por mi casa sin saber que hacer, y de repente me la encontré vistiendo mi cama de limpio para cuando llegara del hospital. Cada vez que me acuerdo de ese día, no dejo de reírme, por que ese rato antes de salir al hospital, fue un caos.

Me quedo con esas amistades que fueron al hospital a conocer a mi pequeña y a verme a mi, que vinieron a mi casa y no esperaron a que les pusiera un café, sino que se los hicieron ellos mismos.

Me quedo con esas amistades que han estado siempre al pie del cañón, que nos han ayudado, que nos han demostrado su amistad, de muchas maneras. Pero principalmente nos han entendido y querido, no nos han juzgado. Simplemente han estado ahí, esperando a que nos hiciéramos a nuestra nueva vida, nos han respetado y nos han querido.

Ahora después de dos años y medio, esas amistades de verdad han sido padres y madres, y algunos están en camino. Solo quiero decirles desde aquí GRACIAS, no es fácil encontrar a personas como vosotros, algunos incluso os habéis convertido en los padrinos de nuestra hija, dejando claro lo importante que sois para nosotros.

Yo como Mamá de Pueblo, he aprendido a valorar la amistad desde otra perspectiva, para mi un amigo no es el que está siempre disponible para tomar un café. Es el que de verdad de preocupa por ti, el que te acompaña (de la manera que sea), el que te escucha, y sobre todo el que te quiere y sabe valorar también tu amistad.

Los abuelos, ese pilar fundamental

Yo de pequeña pase mucho tiempo de vida entre mis abuelos, para mí uno de los mejores regalos que mis padres me pudieron hacer fue el  poder disfrutar de mis abuelos, de su cariño, de sus juegos, de su tiempo… Aún recuerdo cuando era muy pequeñita y mis padres me llevaban liada en una manta a casa de mis abuelos, mi abuelo me cogía y me metía en la cama con mi abuela. Es una de las sensaciones mas deliciosas que tengo de pequeña.

Mis padres trabajaban mucho para que mi hermano y yo tuviéramos lo mejor, y mis abuelos pasaron mucho tiempo cuidando de nosotros. Para mi, ir a casa de mis abuelo era ir a mi casa. Por desgracia ya no tengo a ninguno de ellos, y no hay día que pase sin que los recuerde. Dos de ellos pudieron conocer a mi pequeña y eso me hace inmensamente feliz, por que sin ellos mi vida hubiera sido completamente diferente.

Me aportaron tanto y me hicieron tan feliz, que yo no dudo que ahora mis padres y mis suegros hacen los mismo con mi pequeña. Los abuelos son un referente para sus nietos, y para nosotros sus hijos.

Aunque por ser de diferente generación pensemos diferente en algunas cosas y la manera de criar se aparte bastante de la nuestra, no dudo que lo que hacen es siempre con la mejor intención y queriendo hacer lo mejor para sus nietos.

Si es verdad que seguramente sean con los que mas enfrentamientos tengamos, sobre todo por esa forma diferente de hacer las cosas, por tantos consejos no pedidos y por muchas críticas indirectas, que hacen sobretodo las abuelas. Pero a pesar de esto, son un pilar fundamental y yo personalmente, no quiero que falten nunca y me hace muy feliz verlos disfrutar de su nieta.

Para mi los abuelos son un pilar fundamental, son los primeros en ayudarnos cuando lo necesitamos. Cuando hay que trabajar, son los primeros en cuidar a la peque, y cuando no también. Ella se queda feliz y tranquila, se siente segura y le encanta estar con ellos. Y nosotros encantados, de ver como ella disfruta con ellos, y como ellos disfrutan con ella, como rejuvenecen, como se revuelcan por el suelo jugando con ella, como le enseñan cosas nuevas o como vuelven a montarse en un columpio solo por verla reír.

A nosotros se nos cae la baba cuando ve llegar a alguno de sus abuelos y sale corriendo hacia ellos, para colgarse de su cuello y darle un abrazo “apretao”. Como se pone de contenta cuando le contamos que alguno viene visita o cuando le decimos que se va a quedar un rato en su casa, por que mamá y papá tienen que hacer otras cosas.

Yo creo que los abuelos son muy valiosos en el día a día, yo tuve la suerte de tener a mis abuelos cerca y de poder disfrutar de ellos, y mi hija también tiene esa suerte. No pasa una semana sin verlos, a los cuatro, y yo creo que eso es un regalo. El ser una Mamá de Pueblo, suele tener este punto positivo, que si un abuelo no vive en la calle de detrás, vive en el pueblo de al lado.

A nosotros nos encanta ver a nuestra hija con sus abuelos, nos encanta que los disfrute, que los quiera, que confíe en ellos… Los abuelos son un tesoro muy valioso, para nuestros hijos y en nuestra casa somos partidarios de pasar el mayor tiempo con ellos, por que nos gusta, por que así somos felices, y por que nuestra pequeña los adora.

Creo que ese amor entre abuelos y nietos debería transmitirse, que hoy día se esta perdiendo un poco esa esencia, por culpa del poco tiempo, el trabajo, las actividades extraescolares… Está todo demasiado marcado y dejamos poco tiempo para ese disfrute donde el tiempo no tenga cabida, donde las generaciones se unan y cree ese vínculo tan especial que une a un abuelo con su nieto.

Yo como Mamá de Pueblo, disfruté de mis abuelos en el mismo pueblo, así que formaban parte de mi día a día, el amor que he sentido por ellos siempre ha sido especial y me gustaría que esas sensaciones tan puras formaran parte de la vida de mi hija, y la verdad, creo que lo estamos consiguiendo.