¿Qué tienes que hacer el lunes?

Esa fue la pregunta que me hizo mi ginecólogo el día que tuvo claro que me tenia que someter a una cesárea programada, mientras por mi cabeza pasaban muchas cosas “una cesárea… bueno si tiene que ser así, pues nada todo sea por mi pequeña, que venga sana y todo salga bien…¿Una cesárea? Yo quería (aunque a algunos le suene masoquista) sentirla nacer, las contracciones, poderla tener en mi pecho, que me sintiera a mí antes que a nadie…. La recuperación, los puntos, la operación, la epidural… ¡voy a estar sola! Mil pensamientos rondaban mi cabeza, todos rodeados de miedo, incertidumbre, muchos nervios y la vez todo esto condimentado de impaciencia, amor y ganas de verle la cara a mi pequeña.

Todo fue muy rápido, ya que era jueves y la cesárea sería el lunes, así que esa misma tarde nada más salir de la consulta comencé a prepararlo todo. Mi bebé venía con el peso justo y tuve que comprar ropita de prematuro, hacerme análisis de sangre (que recogería el mismo lunes antes de ir al hospital) y sobre todo hacerme la idea…No me quedaba otra. Mi cuerpo y mi mente estaban preparados para un embarazo y un parto como la naturaleza manda, pero no estaban preparados para una cesárea.

Desde la semana 23 mi ginecólogo me avisó de que mi bebé estaba de nalgas y que tenia el cordón umbilical muy corto, por lo que sería difícil que se diera la vuelta. Aún así el matrono me enseñó varios ejercicios para intentar que se diera la vuelta, los hice todos los días pero no funcionó.

Tras dar la noticia a mi entorno cercano de que la pequeña nacería el 11 de agosto por cesárea, todos me apoyaron y cuidaron. Con su mejor intención recibí muchos mensajes del tipo, “no pasa nada”, “hay partos malos que son peores que una cesárea”, “bueno no pasa nada así no te enteras de las contracciones ni de nada te ponen la epidural y ya está”… Y la verdad ninguno de esos mensajes me ayudaban. Mientras escuchaba asentía con la cabeza y pensaba: “ ¿se creerá que soy tonta y que no sé los riesgos que conlleva una cesárea?, ¿pero tú has pasado por una cesárea para decirme cómo es?, no quiero una cesárea, no quiero la epidural, quiero vivir el parto, quiero que me acompañe mi marido, quiero llorar…

Curiosamente de quien no recibía ese tipo de mensajes era de las que sí sabían lo que era pasar por aquello. Ellas me decían cosas como “bueno pues pronto tendrás a tu niña en tus brazos”, lo cual me reconfortaba, por que era lo único por lo que me merecía la pena, por verla, por tenerla, por saber que iba a estar bien.

A pesar de tenerla programada para el lunes, Valentina decidió adelantarse y venir el viernes, un ocho de agosto. De esta forma supe lo que era tener una contracción, para mi suerte las llevé muy bien pensando que eran gases, pero cuando los gases se repetían cada ocho minutos y la barriga se me ponía dura llamamos al matrono que me mandó directamente al hospital. Cuando llegamos ya teníamos a todo el equipo médico esperando. Llegué dilatada de cuatro centímetros y con el cuello borrado, el ginecólogo me dijo que si no fuera por los nuevos protocolos yo hubiera tenido a mi bebé de parto natural, pero hoy día no tenemos opción cuando viene de nalgas, pero sin duda lo hubiera intentado.

Me llevaron a quirófano, me pusieron la epidural y al rato (el mas largo de mi vida), nació Valentina, la cual llegó llorando, con los ojos muy abiertos y sin parar de moverse, ese instante quedará grabado en mi memoria por siempre.

En quirófano estaba muy asustada, pero tuve la suerte de tener un gran equipo conmigo, incluso una enfermera estuvo todo el tiempo cogiéndome de la mano. Tenía la tranquilidad de haber escogido (bajo mi punto de vista) al mejor ginecólogo, al Doctor Tomás Carrascal, al cual (junto a su equipo) tengo que agradecerle el hecho de que me lo hicieran todo un poco más fácil. Por su naturalidad, confianza y sobre todo por su profesionalidad, ¡gracias!

Podría seguir escribiendo y extenderme mucho, pero creo que por hoy voy a dejarlo aquí. No me olvido de este tema, que a mi tanto me ha marcado, y lo volveré a retomar, mientras tanto que tengáis un buen fin de semana Mamás de Pueblo.

 

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