LOS PRIMEROS DÍAS COMO FAMILIA DE TRES

Uno de los momentos inolvidables, de esos que marcan tu vida para siempre, es cuando coges por primera vez a tu bebé en brazos. A ese bebé que ha crecido dentro de ti, que has notado sus pataditas, su hipo, que te has asustado el día que se movió menos de lo habitual… En resumen, esa personita que da un vuelco a tu vida, desde el día que sabes que vas a ser mamá.

Los días en el hospital estas deseando llegar a casa, y poder disfrutar de esa nueva familia que acabáis de crear. De establecer tus nuevas rutinas, de dormir en tu cama, estar tranquila en casa…

Cuando coges a tu bebé para salir del hospital, te embargan un millón de emociones, las más notorias son la felicidad (te vas a casa con tu bebé sano) y el miedo. No se me olvidará la sensación cuando salí del hospital, estaba muy contenta, pero también muy angustiada, tenía muchas ganas de llorar. Parecía que acababa salir a un mundo que no era el mío, todo era hostil para mi.

El viaje en el coche tampoco es de lo más agradable, ya que para empezar como papas primerizos hay mucha inseguridad. ¿Qué hago si se pone a llorar? En nuestro caso algo muy probable. ¿Irá cómoda en ese cuco?¿Parece que la postura no es muy cómoda para un bebé tan pequeño?¿Estará bien puesto el cinturón?

Y por fin llegas a casa, que ahora se te hace un poco extraña, todo se te hace un poco extraño, ahora ya no vives para ti, has llegado a tu casa de siempre, con una nueva vida, la cual va a poner tu hogar patas arriba.

Ahora el tiempo gira en torno a tu bebé, tu vida (sobre todo las primeros meses) ha cambiado por completo. Toca hacerse a un nuevo ritmo, el cual no marcas tú y nunca se detiene, son las 24 horas del día y de la noche para esa nueva personita que te tiene enamorada. Las tomas, los pañales, las vitaminas, el baño, un paseíto, el pediatra…

Llegan las primeras dudas, los primeros miedos, la subida de la leche, los cólicos, su primer baño en casa… todo se supera poco a poco, y cuando te das cuenta, esta nueva rutina es la mejor del mundo. Ya casi ni te acuerdas de cómo era antes, te sientes genial, ya conoces a tu bebé y tu bebé a ti, estáis compenetradas.

Ahora dar de mamar cada tres horas (de media) no da miedo, ya se ha ido el dolor y habéis cogido una postura cómoda para las dos, ahora disfrutas de ese momento tan íntimo, donde solo hay espacio para vosotras dos.

Los pañales ahora los cambias con una facilidad que al principio no te podrías haber imaginado, y el baño, ya no da miedo, ahora es un disfrute verla en el agua y masajear ese cuerpecito perfecto.

Tu vida se amolda a una nueva vida, todo cambia, todo se transforma y se redistribuye. Cada cosa toma un nuevo lugar en tu vida y no es fácil hacerse a estos cambios, incluso alguno cuesta trabajo aceptarlos.

Tu cuerpo ya no es el mismo de antes, pero no es lo único que ha cambiado, aunque si es verdad, que mientras el resto de nuestra persona cambia para mejor, el cuerpo se resiente. No es para menos, acaba de crear una nueva vida y para eso hace falta vida, y en este caso la tuya Mamá de Pueblo. Tu cuerpo trabaja como nunca, para que ese bebé crezca sano dentro de ti, y tu cuerpo se resiente.

Lo peor de estos primeros meses, es que pasan volando. Volvería atrás un millón de veces, eso sí, llevándome lo que ya he aprendido. Disfruta de ese momento, por que después no vuelve, es mágico ver como tu vida se transforma gracias a ese pequeño ser nacido de tus entrañas.

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