ALGUNAS COSAS QUE NO NOS CUENTAN

Cuando tienes un bebé, ya sabes que vas a dormir poco, que tu vida va a girar en torno a él, que van a cambiar muchas cosas, que hay que cambiar pañales, vómitos, que no vas a querer a nadie como a ese pequeño….

Pero hay muchas cosas que nadie te cuenta, y que vamos a ir descubriendo poco a poco, algunas cosas son geniales, otras no tanto,  e incluso algunas son de risa, aunque en el momento no te rías tanto.

Haciéndolo de forma más o menos cronológica, para empezar, nadie me contó la realidad de una cesárea, esta es además la peor cosa que no me contaron. La cesárea es uno de los momentos mas bonitos de tu vida, ya que vas a tener a tu bebé, pero también uno de los mas dolorosos a muchos niveles, por lo menos en mi caso. Soy de las que siente que una mujer está de forma natural, preparada para parir. Pero una cesárea no es natural (aunque sea precisa) y hace que la mujer se sienta (no todas) ultrajada en ese momento que debe ser tan especial, te duele como si te hubieran cortado por la mitad. Cuesta más la lactancia, cuesta más levantarse, cuesta más cuidar de tu bebé, cuesta más recuperarse… aunque poco a poco, mejoras y aunque te duele un poquito el alma, por no haber podido dar a luz como te hubiera gustado, te sientes feliz y dichosa de ese pequeño ser que has traído al mundo.

No te cuentan, que tienes miedo por todo, y dudas por todo; que si no tengo suficiente leche, necesita biberón para ayudar, no esta cogiendo suficiente peso, o está poniendo demasiado… Cuando la lactancia materna funciona bien y el bebé pone peso bien, la cosa va fluyendo poco a poco, pero si el bebé no coge bien ninguna de las dos, se complica la cosa. Las latas de leche en polvo, traen una tabla con lo que debe tomar un bebé según su tiempo, y eso a nosotros en vez de ayudarnos nos creaba más dudas.

No te cuentan, que tienes que bañarlo con tus propias manos, el primer baño en casa, ahora no están esas agradables enfermeras que en el hospital, se llevan a tu hija y te la traen oliendo a flores. Ahora eres tú, y antes de meterla en la bañera te pasan por la cabeza mil imágenes de todas las posturas posibles, en las que se te puede resbalar. Después la coges la bañas, y con los días te das cuenta de que no era para tanto, pero al principio da mucho miedo, y más cuando aún no se la ha caído el cordón umbilical.

No te cuentan, que tienes que ponerle las vacunas, y la primera vez que entras en el centro médico, con tu pequeño bebé indefenso en brazos, sabiendo que van a ponerle la vacuna, te sientes nerviosa y asustada, por que lo último que quieres en este mundo es que tu bebé sufra, y sabes que la vacuna le va a doler. Cuando el enfermero lo está preparando todo para pincharle, te entran ganas de llorar, y si no fuera por vergüenza, te pondrías a llorar como una magdalena. Tengo que contar, que mi pequeña alguna vez ni se enteró de la vacuna.

Van pasando lo meses y ya tenéis cogido el tranquillo, a los biberones, los pañales, el corte de uñas, el baño, ahora las tomas entre biberones empiezan a alargarse, y es todo un poco más fácil. Pero llegan nuevos cambios y con ellos nuevas dudas.

No te cuentan, que empiezan a necesitar cereales en el biberón, te sientes feliz por que tu bebé sigue evolucionando y la vez nostálgica por que crece más rápido de lo que gustaría. Pero de esto nadie te cuenta, o por lo menos a nosotros, que la tetina que venías usando ya no te vale. Te ves con un bebé llorando por que tiene hambre, la incertidumbre de si le gustará el nuevo bibi, y de repente cuando se pone a succionar… ¡Sorpresa! No sale nada, ahora no sabes que hacer, por que te dicen que nada de hacerle un corte a la tetina, el bebé se puede atragantar. Así que tiras el contenido el biberón y le haces otro sin cereales, todo esto mientras tu hija llora como si no le fueras a dar de comer nunca más.

Cuando ya le cogéis el rollo a los biberones, y te das cuenta de que las tetinas tienen diferentes flujos (según la edad de bebé y la densidad del contenido del biberón) ya ves que todo está controlado. Pero tu hija sigue creciendo a pasos de gigante, y llega la hora de las papillas.

Al parecer preparar una papilla, es lo más fácil del mundo. Pero se ve que para uno es mas fácil que para otros. Nosotros no habíamos preparado una en nuestra vida, y no solo eso, sino que no habíamos visto como se cocina. Vamos que no teníamos ni la mas remota idea. El pediatra nos dice, que le diéramos una hecha de patata y zanahoria. Pues yo lavé las patatas y la zanahorias, y las metí en la olla hirviendo con la piel y todo. Cuando las saqué, las pelé y las trituré, pero la mezcla era muy espesa, y pensé que así mi pequeña se iba a atragantar. Pregunte a algún familiar cercano y me dijo que le pusiera el agua de la cocción, pero yo la había tirado por que estaba sucia de la piel que no le había quitado. Lo rebajé con agua mineral, y mi peque se comió su primera papilla encantada.

Nadie me había contado que para hacer una papilla, además de lavar a conciencia las verduras, también había que pelarlas y cortarlas. Así, la cocción era mucho mas rápida y podías usar el caldito para hacer una papilla menos consistente.

Hay muchas cosas que no nos cuentan y que con el paso del tiempo resultan divertidas. Nosotros cuando nos acordamos de la primera noche que intentamos dar el biberón de cereales, y fue un intento fallido, no tenemos otra que reírnos. Parecíamos dos colgados, mirando la tetina e intentando que saliera algo, mientras la pequeña lloraba como si no hubiera un mañana.

Antes las tribus eran muy grandes, y casi todo el mundo tenía algo de experiencia en criar a niños, ya fuera de tu propio hermano o el niño del vecino, antes las redes de apoyo eran mucho mas grandes y divertidas. Ahora es divertido a veces por lo contrario, por tener tan poca idea que la lías en menos que canta un gallo, y cometes tonterías (sin importancia) de las que después te tienes que reír.

Hay cosas geniales, que aunque las has oído alguna vez, no te imaginas lo increíblemente satisfactorias que son. Una de ellas, es sin duda la primera vez lo ves y lo tienes entre tus brazos.

Nadie te cuenta, por que son imposibles de describir, las sensaciones de esas primeras veces. La primera vez que te mira fijamente a los ojos, su primera carcajada, sus primeros pasos, su primer diente, cuando te dice mamá o papá…

Yo cómo Mamá de Pueblo, me he sentido muchas veces perdida, tanto por las cosas que nunca me contaron, y con otras que si me contaron. Pero hasta que no te pasan, no sabes como vas a hacerlo. Aunque mi niña tardó un día más en tomarse su biberón de cereales, aunque casi lloro con su primera vacuna, aunque me dio verdadero pavor su primer baño… A pesar de todo lo que tenía que aprender como madre primeriza, no lo hemos hecho tan mal y somos una familia novata de tres, muy feliz y que sabe reírse de esos tiempos pasados, que en su momento nos angustiaron.

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