MATERNIDAD IDEALIZADA

 

En estos días se ha hecho viral la noticia, donde la periodista Samantha Villar dice que tener hijos es perder calidad de vida, esa frase es la que apostilla todos los sitios donde se hace eco la noticia. Para algunos será, no digo que no. Cada uno vive la maternidad a su manera, ahí no puedo ni quiero meterme.

Puedo estar de acuerdo, en muchas cosas con lo escrito por Samantha, pero no precisamente en la frase que más ha llamado la atención, y es que según menciona, tener hijos es perder calidad de vida. Bueno, yo creo que esto es muy relativo, es cuestión de qué sientes tú como la calidad de vida. Si para ti calidad de vida es el descanso , tener menos preocupaciones y solo tener que mirar para ti mismo, pues entonces sí, pierdes calidad de vida cuando tienes hijos.

Pero para mi, y creo que para muchos de nosotros, la calidad de vida mas allá, es sentirte pleno, conocer el amor mas incondicional, enseñarle a una pequeña persona el mundo que le rodea y descubrirlo a través de sus ojos. Sentir que has creado tu propia familia y que tienes que hacerlo todo por ellos, para mi no es un sacrificio, sino una elección. Pero no una elección cualquiera, sino la más importante de nuestras vidas.

Si es verdad que la maternidad está muy idealizada, y que la propaganda que se hace de la misma, nos hace a las madres sentirnos muy frustradas y ponernos las metas muy altas. Vemos por ejemplo a esas súper mamis (para mí madres irreales) que en dos semanas tienen la barriga plana, y dan un paseo como la que no ha parido, con su tipazo, súper bien maquillada y a la última con su ropa. Con sus hijos, que parecen angelitos, que no dan que hacer y siempre hacen caso. Merendando en el parque un tarrito de fruta casero, hecho con fruta ecológica y vestidos con algodón orgánico.

Siento deciros que la maternidad no es eso, es un poco más complicada pero aún más satisfactoria. La maternidad cambia mucho tu vida, sin duda, pero creo que para mejor. Aunque al principio esos cambios no son del todo fáciles, después te vas dando cuenta de que ese bebé ha puesto cada cosa en su lugar.

Cuando eres mamá, no recuperas la figura tan rápido, para nada, puedes tardar un año y medio en volver a tus vaqueros, y el cuerpo cambia. A unas más que a otras, que le vamos a hacer, la naturaleza es así de diversa, tiene que haber de todo en este mundo. Yo tardé bastante en recuperar mis vaqueros, pero lo acepté y acepto el cambio de mi cuerpo. Es más me siento orgullosa de ello, mi cuerpo ha cambiado para dar vida, la vida más importante de mi día a día.

Las salidas con tu hijo no son tan bonitas como las pintan en los anuncios, ya que ni vas con tu ropa de siempre, ni con tipazo, ni maquillada, ni bien peinada y menos a la última en moda. Tu bebé si, va precioso con ropita lindísima, aseado, peinado y oliendo a flores. Con esto último te sobra para salir a gusto, pero en cuando doblas la esquina se le viene la leche para arriba, y ese olor a flores terminó.

En resumen, debemos dejar de idealizar la maternidad, por que sobre todo al principio se pasa muy mal, como para encima ponernos por delante esas mentiras que no somos capaces alcanzar.

No existe la madre perfecta, que vaya siempre bien arreglada y que tenga una solución para todos los conflictos. No podemos, es imposible, nadie tiene una receta mágica para esto de la maternidad. Si así fuera no existirían tantas formas diferentes de hacerlo. Cada niño es un mundo, cada familia también y cada cual vive su realidad y la siente a su manera. ¡Qué complicado!

Seguro que criar hijos no fue nada fácil, desde siempre hemos escuchado hablar de las amas de cría, de las tatas, de las cuidadoras… todas figuras que ayudaban al cuidado de los hijos. Quien no podía permitirse esos cuidados externos, normalmente contaba con una gran tribu en la que apoyarse. Antes las familias eran muy grandes, las mujeres estaban en casa y la convivencia con los vecinos era mas apegada. Siempre había ayuda, y manos de las que tirar.

Ahora las familias son muy pequeñas, el que se atreva a tener mas de dos hijos, es considerado un valiente. Ahora las tribus son mucho mas pequeñas, las personas hacemos nuestras vida de puertas para adentro, tenemos poca familia de la que tirar, por que la mayoría esta trabajando y tiene sus cosas que hacer. Estamos mucho mas solas que antes, pero también mucho mas presionadas. Ahora no sólo debemos cumplir con las necesidades de nuestro hijo, sino con las de nuestro entorno y nuestra sociedad.

Pero la verdad no me veo a mi bisabuela con tantos miedos ni ansiedades, cuidando de sus 14 hijos. No había tantas expectativas en las madres, como pasa hoy. Hoy día la sociedad no está preparada para la maternidad, por que la mujer para empezar a los cuatro meses debe estar lista para volver a su trabajo, es decir, tiene que entrar en su ropa y salir de casa a trabajar como si nada. Yo no he vivido esa separación, pero no tiene que ser nada fácil. Lo que si he vivido es tener a mi bebé con cuatro meses, y estoy segura que en ese momento no hubiera estado preparada ni física ni psicológicamente para ir a trabajar.

También se nos pide que volvamos a hacer las cosas igual que antes, salir de copas, de viaje, a tomar café, hacer ejercicio, trabajar y ser madre. ¿En serio? Si no tengo tiempo ni de tomarme un café calentito en mi casa. Se nos exige lo mismo que antes de ser madres, en tu trabajo y en tus relaciones sociales.

Otra cosa es como queremos que se comporten los niños, esos niños idílicos que no chillan, ni corren, comen bien, duermen sin problemas y si se ponen malitos se toman la medicina sin rechistar. Creo que eso no existe, pero es lo que se nos exige a las familias, tenemos que intentar que nuestros hijos no sean niños, para que no “molesten” a los demás.

Los niños por naturaleza ríen alto, lloran aún mas alto, corren, se mueven… Yo no pienso que los niños molesten, lo que creo que hay lugares que no están adaptados para los niños, que hasta que no crecen no son merecedores para nuestra sociedad. No los respetamos, por ejemplo, he observado que cuando estamos en un lugar público y necesitamos pasar, pero no cabemos, pedimos educadamente a la persona que nos deje pasar, sin embargo si es un niño, nos da igual, lo empujamos suavemente y ni lo miramos. Yo eso lo he observado con mi pequeña, y no me sienta nada bien, por que creo que se merecen que nosotros los adultos.

La sociedad nos pide que tengamos hijos, por que la natalidad está cada vez mas baja, pero no nos ayuda a ello, todo lo contrario, después de tener hijos te sigue pidiendo. Te pide que sigas trabajando, te pide que sigas consumiendo, te pide meter a tus hijos en guarderías y colegios con una normativa que no te gusta, te pide que vuelvas a estar delgada… te pide, te pide, te pide….

La maternidad es lo más bonito del mundo, algo que no cambio por nada. Pero también es dura, y hay que saber llevarla y no dejarse llevar por las mentiras. Como Mamá de Pueblo, hay muchas cosas en las que me sentido presionada, para conseguir esa maternidad idílica que vemos a través de las redes sociales. Pero poco a poco, me di cuenta de que eso era una mentira, me fui relajando y ahí es cuando aprendí a disfrutar de verdad de la maternidad, esa maternidad real, esa maternidad que duele y hace feliz al mismo tiempo. Esa maternidad de nuestras abuelas, pura y sin tantos quebraderos que cabeza.

Una de las cosas que mas les digo a mis amigas sobre la maternidad es DISFRUTA.

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