EL DÍA QUE ME CONVERTÍ EN “MARUJA”

Cuando te quedas en casa cuidando de tu bebé, hay muchas cosas que rodean tu día a día, sobre todo el amor incondicional y disfrute de estar todo el día con tu hija, esa sensación de privilegio por que no vas a perderte ninguna de sus primeras veces.

Tiene muchas cosas buenas renunciar a una vida laboral y quedarse al cargo de los hijos, aunque claro, quedarse al cargo de los hijos, también lleva explícito hacerse cargo de la casa, y al igual que tu jefe te exige fuera, tu familia te exige dentro. Pero los sentimientos de que te exija tu jefe, no son los mismos que cuando te exige tu familia.

En el trabajo fuera de casa la mayoría de las personas intenta hacerlo lo mejor posible, por que les gusta su trabajo, por que les pagan, para que nos los despidan, para seguir avanzando en la empresa… El trabajo en casa lo haces lo mejor que puedes, por que quieres que tu familia se sienta bien, tenga todo limpio y una comida rica que llevarse a la boda cada día, tenga ropa limpia y planchada…

En el trabajo fuera da casa te pagan económicamente y tienes cierto prestigio social, incluso tus opiniones en la sociedad cuentan más (aunque sea de forma indirecta). En tu trabajo como madre no te pagan con dinero, no tienes ningún prestigio, mas bien todo lo contrario, eres tratada como una maruja que tiene mucho tiempo libre y tus opiniones cuentan menos, te tienen más por cateta que no entiende del mundo.

Cuando trabajas fuera de casa tienes otro mundo fuera de la misma, te relacionas con otras personas, sales de casa, hablas con adultos… las que nos quedamos en casa estamos todo el día pendientes de la misma, nos relacionamos poco con otros adultos y cambiamos poco de aires., a veces echamos de manos mantener una conversación con un adulto, durante mas de cinco minutos seguidos.

Cuando decides estar en casa y renunciar a una vida laboral, pasar a ser llamada, una “mantenida”, ¡Como si fuera fácil la decisión! Pero así la tomamos, y para nosotros, con más o menos dificultades es la mejor.

Cuando eliges quedarte en casa disfrutas de todo con tu hija, sobre todo antes de entrar en el cole, cuando el tiempo lo manejamos nosotras, y si pasamos una mala noche nos quedamos en la cama hasta que a ella le dé la gana. Voy a todos los sitios que puedo con ella, a la compra, a pasear, a comprar ropa, al parque… y vamos cuando nos apetece y nos cuadra.

Cuando te quedas en casa, pesa sobre tus hombros una gran responsabilidad, ya que la crianza va a ser para ti, y nunca creí que fuera algo tan difícil. Si tu hijo hace algo bien, es genial, es maravilloso, vaya niña buena que te ha tocado, que suerte. Pero como haga algo mal, la culpa es sólo tuya. Y la casa también pesa mucho, tiene que estar todo listo y al gusto de todos y cada uno, sino vienen las quejas, las malas caras…

Las que decidimos quedarnos en casa se nos niegan algunas cosas, muchas veces parece que no tenemos derecho a tomarnos un respiro, por que como no “trabajamos”, pues nada. Somos siempre las últimas en obtener algún privilegio, por que como no estamos tan cansadas por que no trabajamos fuera de casa. Parece que tampoco tenemos derecho a estar cansadas, por que no trabajamos. Pero si tenemos que tenerlo todo siempre listo, limpio y planchado.

No digo con esto que las madres que trabajen fuera de casa, por elección propia o por que no tienen mas remedio, no sean igual de valerosas que las elegimos lo contrario. Todo lo contrario, somos iguales, pero eso iguales, ninguna más que otra.

Veo que las familias en la que ambos trabajan, las tareas de las casa están mas repartidas, los roles son las igualitarios. Por que ambos tienen un estilo de vida parecido y así, es más fácil empatizar con los sentimientos del otro.

Cuando uno de los progenitores se queda en casa, las tareas de la casa son casi en exclusiva para él o ella, y es más difícil tener empatía, puesto que se piensa que quedarse en casa es lo fácil. Es mas complicado saber que es lo que siente la otra persona por que el estilo de vida es muy distinto.

No tengo por que sentirme mal, si un día la casa no pongo una lavadora o no tengo pensada la cena, por que si me pasa eso, es por que no pude hacerlo o por que elegí ese día hacer otra cosa, que no me lo permitió. No tengo por que dar explicaciones de cómo hago las cosas con mi hija, ¿acaso los que trabajáis fuera de casa dais explicaciones de vuestro trabajo a vuestro primo, padre, suegro o vecino? Yo creo que no.

Imaginaros que en vuestro trabajo cualquiera pueda opinar, sin que se le pida y normalmente las opiniones no sean buenas. Que cualquiera que pase por vuestro puesto de trabajo se sienta con el derecho a deciros como tenéis que hacerlo. ¿Os gustaría? Seguro que no, por el mismo motivo que a mi no me gusta que opinen sobre como lo hago con mi hija. Pues desde que nació no paro de escuchar que si no la cojas den brazos, el colecho es malo, toda la vida se ha hecho tal manera…

Imaginaros que alguien esta en su oficina trabajando y no paran de llegarle mensajes del tipo: mejor una maquina de escribir como se ha hecho toda la vida, las radiaciones de tantos aparatos electrónicos son malas, mejor escribir a mano, no usas un respaldo adecuado…. Pues así es como nos sentimos muchas veces las Mamás de Pueblo, es a veces estresante y muy “jartible”. Nosotros sabemos como debemos hacerlo, sabemos lo que nos funciona, y si no, ya pediremos ayuda.

Me siento plenamente responsable de mi casa y en gran medida responsable de la crianza de mi hija, por que yo lo he elegido así. Pero esto no quiere decir que cualquiera tenga derecho a opinar de cómo hacerlo, para mi en parte es mi trabajo. Por cierto, un trabajo que no entiende de horarios, ni de fines de semanas ni de festivos.

Yo trabajo en casa, fué y es mi elección, nuestra elección, y me siento privilegiada de poder hacerlo. Disfruto de mi hija a todas horas, y cuando está de malas pues también es para mi, cuando está malita, cuando esta alegre, cuando disfruta, cuando aprende, cuando se cae, cuando llora, cuando duerme… es todo mi tiempo para ella.

Y es así, mi tiempo es para ella, para mi, para mi familia. Por el hecho de estar en casa, no significa literalmente que estoy en casa, también salgo, acompañada de mi hija, pero salgo. No estoy disponible para todo al mundo a cualquier hora del día, salgo, me muevo y tengo mi vida. Si sí, las llamadas amas de casa, tenemos vida, fuera de las cuatro paredes que forman nuestra casa.

Creo que no debemos infravalorar a las personas que se quedan en casa, muchas de ellas, con formación o sin ella, han tomado una decisión. La cual no es la vía fácil, aunque muchos lo crean así, no es fácil tener la casa en condiciones todos los días, no es fácil renunciar a una vida profesional después de haber terminado una carrera universitaria, no es fácil depender económicamente, no es fácil tenerlo todo al gusto de todos…

Pero bueno, yo soy una Mamá de Pueblo que se considera valiente, por haber tomado su propia decisión. Aunque se piense que lo único valiente es irse a trabajar, yo no lo creo así. Creo que ambas decisiones son difíciles y cansadas, y que ambas deberían de ser igual de respetadas y valoradas.

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