CAMBIOS EN TU CÍRCULO

Cuando te conviertes en madre, las relaciones sociales cambian por completo, ya no puedes salir cuando quieres, ni a donde quieres… las noches de copas, los ratos tranquilos tomando café, el cine… todo cambia, por lo menos en mi caso, todo ha cambiado. Hay personas que tienen bebés mas tranquilos, pero en nuestro caso con la llegada de una súper alta demanda sumado a que nuestra casa no esta precisamente en el centro del pueblo, nos alejo bastante de nuestros amigos, en especial a mi.

Ahora casi tres años después estoy empezando a tener un poco más de vida social, pero poca cosa, la mayoría del tiempo la paso con mi hija, y no lo cambio por nada, prefiero salir a pasear en bici con ella por la mañanas, a dejarla en la guardería para tener tiempo para mi. Esta es mi opción, tan respetable como las demás.

Cuando nació mi bebé la gran mayoría de las personas que tenía alrededor desapareció, fueron muy pocas las comprendieron nuestra nueva situación, el tener un bebé de alta demanda es realmente complicado, y muy pocas personas te entienden y muchas menos te apoyan.

Veíamos a los amigos prácticamente por que venían a casa a pasar un rato con nosotros, por que salir con la pequeña era una odisea, todo lloros y malestar, así que nada optamos por pasar tiempo en casa, lo cual fue muy complicado a nivel social, empiezas a despegarte y los demás a despegarse de ti, cada vez hay menos llamadas, menos mensajes, y llegan los días en los que te encuentras realmente sola.

Cuando a tu alrededor además, nadie tiene hijos, esta nueva situación es mucho mas difícil de entender, creen que todos los bebés se rigen por el mismo patrón y si fulanita puede salir sin problema con su bebé, no entiende por qué tu no. ¿Sabéis que? Eso mismo me preguntaba yo, estando en casa cuidando de mi pequeño revoltillo, quería salir, quería pasear, quería poder disfrutar de mi bebé junto a mis amigas… pero no fue posible, salir y hacer esas cosas simplemente no era un disfrute. De hecho alguna vez lo intenté y llegaba a casa a casa mucho mas frustrada que si no hubiera salido.

Así que nada, poco a poco muchas personas se fueron alejando cada día mas, mi vida se centro en conocer a mi pequeña en saber por que era así, y en adaptarme cien por cien a nuestra nueva situación y en aceptar que no el resto de las personas tenían por que adaptarse. A pesar de sentirme muy defraudada y sola, fui capaz (con el tiempo) de entender el por qué no estuvieron ahí, simplemente no tenían por que hacerlo.

No, ya no salgo de copas, antes no podía y ahora que puedo empezar a hacerlo (la peque se puede quedar de vez cuando los abuelos) no me apetece, me gusta el plan de estar en casa con mi familia, me encanta acostar a mi hija, contarle un cuento antes de dormir y darle un beso de buenas noches.

Soy muy feliz ajotándome a mi nuevo estilo de vida, disfrutando con ella, con mi marido, de nuestro nuevo tiempo. Cuando estamos solas me encanta jugar con ella, oírla reír, disfrutar de ella, de su tiempo, de nuestro tiempo. Ya no echo de menos esas tardes vacías de café, y digo vacías, por que ahora me siento tan llena con mi pequeña, que todo lo anterior me resulta efímero.

Mi círculo ha cambiado mucho, sigo teniendo algunas amistades de las de toda la vida, y ellas saben quienes son, esas que llamas por que tienes un ratito y lo normal es que te respondan con “vale, donde nos vemos”, esas que siempre tienen un ratito para ti y tu para ellas, esas que necesitas aunque sea un ratito a la semana, para reírte un rato, charlar y evadirte.

También tenemos nuevas amistades, incluso algunas que antes eran conocidas y ahora ves casi todas las semanas, parejas que han descubierto la maternidad casi a la par nuestra, y que esa maternidad ha forjado una bonita amistad. Personas que están en la misma situación que tu, con las que compartes momentos nuevos, con las que hablas sobre maternidad sin aburriros, intercambias ropa, pañales y consejos. Con las que festejas que las niñas se han dormido la siesta a la vez, y aprovechas para tomar un café y charlar sin ser interrumpidos cada cinco minutos.

Y también están esos amigos que también tienen hijos, de los que disfrutamos cuando podemos, por que entre los trabajos y los niños no es nada fácil quedar, que si fulanito está de tarde, que si menganito tiene al niño malito… pero cuando quedamos hacemos tribu y lo pasamos todos genial, los mayores y los pequeños.

Y por supuesto están los que nunca fallan, son muy pocos pero como dije en otros post, valen su peso en oro. Amigos que se presentan en casa con el desayuno, amigos que te llaman simplemente para saber como estas y si necesitas ayuda, amigos que te comprenden y te animan a desahogarte e intentan comprenderte, amigos que se acercan a tu casa por que tienen ganas de verte y de ver a tu bebé, se acercan simplemente por que si, por que te quieren… esos no tienen precio.

A mi, como Mamá de Pueblo, me costó aceptar estos cambios, pero al final los entendí, y aunque al principio me sentía muy enfadada y defraudada, ahora puedo llegar a entender que cada uno tiene su situación y su momento, y el mío ahora es mi hija y no me puedo sentir mas feliz por ello. Ahora, mi mejor amiga tiene dos años y nueve meses, habla con media lengua sin parar, le gusta hacer pompas de jabón, saltar en la orilla del mar y hacer castillos de arena.

Soy muy feliz, aunque la maternidad haya traído consigo muchos y grandes cambios en mi vida, dormir poco, duchas de cinco minutos, pelo… bueno mejor no hablamos de mi pelo… ahora me levanto mas temprano y estoy mucho mas cansada cuando termina el día, pero también soy mucho mas feliz.

 

 

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